domingo, 26 de enero de 2014

Fuerte

Fuerte. Todos querían que fuera fuerte.

"Estamos para lo que necesites", "te vamos a acompañar", "mucha fuerza", le decían, en vano, una y otra vez, cuando ella lo único que quería escuchar era que todo fue una pesadilla, que en realidad nada de esto sucedió, ¿que están para lo que necesite?, eso necesitaba. Y qué poco necesitaba que la acompañen, cuando no hacía más que desear la inmediata desaparición de todos los que se iban amontonando a su alrededor. Fuerza, sí, qué fuerte crecía la ira en su interior. La desazón. La resignación. Fuerza necesitaba para dejar de oír inútiles palabras de consuelo.

Nunca entendió por qué le pedían que fuera fuerte.

No había nada para llenar ese vacío. Iba camino a ser más vacío que persona. Su cuerpo seguía vivo, pero su alma no. Su corazón latía solo por rutina. Ya no hablaba. Necesitaba apagar su cabeza, dejar de pensar, olvidar todo lo que sabía, todo lo que había conocido y aprendido. Y sobre todo, lo que había amado. Y no volvería a amar. Jamás podría. Ya nada podía golpearla, ya nadie podría lastimarla. La vida ya no tenía armas para desafiarla.

Y entonces, ya era fuerte, muy fuerte.

Y nunca nadie le pidió que fuera alegre. Nadie intentó hacerla sonreír. Nadie supo animarla, nadie pensó en enseñarle que el mundo seguía siendo mundo más allá de lo que le faltaba. Que después de perder, podía ganar. Que después de llorar, porque es bueno llorar, podía pensar en ser feliz. Nada. Lo importante, creyeron ellos, era ser fuerte, saber que estaban para lo que necesitara, saber que la iban a acompañar. Y lamentar lo que pasó, vivir en duelo, vestir de negro y llorar por siempre. Siendo fuerte, porque así debía ser.

Y finalmente, fue tan fuerte que no dudó en ceder ante su debilidad. Dejó ir su cuerpo para que huyera con su alma. Ya no tendría que escuchar a nadie.

"Estamos para lo que necesites", "te vamos a acompañar", "mucha fuerza", seguían diciendo por ahí. Pero ella ya no estaba para oirlo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Perdón

Perdón por no aprender a entenderte. Perdón por no poder ayudarte, acompañarte, salvarte. Perdón por no saber como actuar, no que decir, ni cuando, ni como. Perdón por no entender el por qué, y perdón por no poder explicarlo.
Perdón por no llamarte, no atenderte, no buscarte y no dejarme encontrar. Perdón por no estar cuando me necesitabas, y perdón por haber estado cuando no debía.
Perdón por quererte, y por dejar de hacerlo. Y por volver a hacerlo, una y otra vez.
Perdón por admirar mis ideales, creer en mis principios y defender mis convicciones. Perdón por refutar tus argumentos y no ceder ante tus reglas. Perdón por querer ser feliz sin importar si tengo razón.
Perdón por no haber vivido todo eso que viviste, por haber hecho otro camino, por haber conocido otras historias que no me permitieron entrar de lleno en las tuyas. Perdón por mi entorno que no es igual al tuyo. Perdón, entonces, por haber nacido en otro momento y lugar.
Perdón por no ver a través de tus ojos, no sentir tu dolor y no sangrar por tus heridas.
Perdón por ser yo, cuando lo único que necesitabas, es que sea vos.

martes, 27 de agosto de 2013

Sabíamos que Junio era un mes frío

Las cosas cambiaban para bien. Vivíamos en un mundo cerrado, independiente, autosuficiente, donde los demás no eran más que sombras en el paisaje, entes que podían entrar o salir de nuestro entorno pero no tenían la capacidad de alterarlo. No cobraban importancia, no podían, no entendían la magia. Nosotros teníamos esa capacidad, única, de entender la realidad. Le encontramos el sentido a la vida, sin saber que algún día lo olvidaríamos. Veíamos al tiempo detenerse porque se divertía con nosotros.

Sabíamos que Enero no era un mes, sino mucho más. Un destiempo añadido al calendario, para irrumpir en el camino del resto del año. Aprendimos de esa magia, la aprovechamos, la transmitimos. Volamos sobre las miserias de las personas corrientes. Teníamos el mundo a nuestros pies. Conocíamos la muerte, pero ella nos temía a nosotros.

El otoño nos advirtió, pero no le hicimos caso. No tenía sentido hacerlo. No podíamos manejar lo que nunca comprenderíamos. Subimos tan alto que olvidamos lo mucho que dolería al caer. Confiábamos en el tiempo y nos sentimos traicionados por él. Hoy sabemos que no tiene la culpa, pero no vamos a admitirlo. Preferimos el facilismo.

Sí, descubrir que el mundo no era nuestro fue duro, pero mucho más duro fue descubrir que dependíamos de un entorno que no estaba al alcance de nuestras manos. No teníamos nada, no eramos más que una insignificante porción de un sistema de dimensiones descomunales. Y entonces conocimos el miedo, entre tantas otras cosas.

Sabíamos que Junio era un mes frío, oscuro, con un sol cada vez más ansioso por desaparecer del paisaje, cada vez más abrigo y cada vez menos piel. Tiempo de noches desiertas y abrazos sobrevaluados. Nadie quiere estar solo. La primavera no está a la vuelta de la esquina, no. Está en un futuro que aún no llegamos a imaginar.

La magia no se fue con el invierno. Pero por alguna razón, ya no la volvimos a encontrar.

domingo, 23 de junio de 2013

Supervivencia

Podés ir por la vida llorando pérdidas, lamentando culpas, tal vez abandonando batallas. Y después rendirte, huir, esconderte a esperar respuestas que nadie te va a dar, respuestas a preguntas que ni sabés plantear. Entonces, bastará con que ganes una vez para sentirte realizado, quedarte en el camino y resignarte, como presa fácil, a ser vencido una y otra vez por tus predadores naturales. Inevitablemente vas a ser el alimento de los que van por la vida derribando fronteras, superando retos y masacrando cobardes. Los que tienen la capacidad de someter a los conformistas. La diferencia entre unos y otros se resume en la interpretación de una premisa: morir no te hace un héroe, y matar no te hace villano. No estamos en una película donde hay buenos y malos, sino en una realidad en la que todos somos racionales hasta que se demuestre lo contrario.

Todos aprendemos en algún momento a enfocarnos en lo que realmente estamos buscando, incluso si no sabemos definirlo. No sabemos lo que queremos, pero nuestras acciones nos pueden dar pistas concretas. La clave es sobrevivir a nuestro entorno, dejar de padecerlo y empezar a disfrutarlo. Darse cuenta de que es cruel pero inofensivo. Si sos frontal van a decir que sos frío. Si sos amable van a decir que sos falso. Si sos libre van a decir que sos fácil.

De cualquier manera, cuando vean que sos feliz, van a decir que vivís en una burbuja.

miércoles, 5 de junio de 2013

Rompelo, quebralo, matalo

"Rompelo", "Quebralo", "Matalo". No importa si son divisiones inferiores,  fútbol juvenil o infantil. Que cuando los chicos ganan, son los mejores. Que cuando los chicos pierden, el rival es mala leche, el árbitro los cagó y el DT es un pelotudo. Porque siempre uno gana y uno pierde, pero no, no hay excusas para perder, hay que ganar y punto. Y si no, la pudrimos y listo. No importa si es la final del mundo o un partido entre chicos de 8 o 9 años. Si no me gusta lo que cobró el árbitro, le grito un poco, lo reputeo, y si aún así no me hace caso, entro y lo cago a trompadas. Porque es el mejor ejemplo que le podemos dar a nuestros hijos: si no logran algo que creen merecer, caguen a trompadas al que tengan a mano para echar culpas. Aprendanlo desde chiquitos, sí, cuanto antes mejor. Vean con sus propios ojos como sus padres golpean salvajemente a la persona encargada de hacer cumplir las reglas del deporte. Veanlo de cerca, cuanto más se acostumbren, mejor. Que entiendan la evolución de la sociedad que, tarde o temprano, nos va a llevar a pegarle a los chicos también, ¿por qué no?, te va a dar la chance de bajar de una trompada al pibito que le tiró un caño a tu hijo o al que no deja de marcarlo. Entiéndanlo, así es el fútbol. Y al que no le gusta lo mato.